El otro día se hablaba en un telediario de “un niño trasplantado de corazón”. Bueno, el niño no ha sido trasplantado, lo que se ha trasplantado es el corazón. Habría que decir, por ejemplo, “un niño con un corazón trasplantado” o “un niño que ha sufrido un trasplante de corazón”. En todo caso, este error no se trata de un caso aislado: hemos observado en más de una ocasión cómo los periodistas emplean un participio de manera indebida, haciéndolos concordar con la palabra que no es, a modo de oligofrénica hipálage.
Se hablaba en otra noticia de “la reina abdicada”, para decir que la reina había abdicado, como si siempre se pudiera prescindir alegremente de la estructura sintáctica plena y sustituir todo con participios en función de adjetivos, que de este modo pasan a tener un sentido pasivo. Sería tan absurdo como decir “el alumno estudiado” en vez de “el alumno que ha estudiado”. Y sin embargo lo dicen.

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